Oratoria: la postura corporal

Es importante ser cuidadoso en la presentación personal, ya que todos estarán mirándole especialmente en este asunto durante los primeros minutos. Luego, el público pasará a observar a los demás participantes.

Sin embargo, los primeros segundos son fundamentales, pues esa primera impresión quedará grabada en las mentes de los asistentes, para bien o para mal. Es lo que llamamos en el Instituto, “el minuto dorado”.


La vestimenta depende de la ocasión. Puede ser formal o informal, deportiva, etc. Sin embargo, en todos los casos debe estar limpia, ordenada, planchada. Aprende a combinar los colores que sean los más apropiados para ti. Tu calzado tiene que estar limpio.

Revisa antes de salir a escena cómo está tu peinado. Ojalá te revises ante el espejo desde la cabeza a los pies.

Hay que aprender a actuar en un justo término medio. Ni tan quieto e inamovible, ni tan hiperkinético desplazándose de un lugar a otro.

Párate con los pies firmes en el piso, pero flexible para moverte un poco cuando quieras enfatizar algo o llamar la atención. En general, los gestos deben acompañar lógicamente a tus palabras. Evita desplazarte de un lugar a otro, porque esto cansa y refleja inseguridad y falta de confianza en sí mismo.

De vez en cuando conviene desplazarse hacia el público, con el objeto de mantener su atención.

Evita tener que estar en un púlpito o detrás de una gran mesa, en una situación de inmovilidad. Pregunta si se dispone de un micrófono adicional (mejor inalámbrico) que te permita moverte con más libertad.

Utiliza tarjetas de tamaño pequeño (10 x 15 cm. Por ejemplo) y con letra grande. Usa colores para marcar mejor tu escrito. Las tarjetas contienen un esquema de lo que vas a decir, de modo que en todo momento procura exponer y no leer.

Tus manos deben sostener relajadamente las tarjetas. Evita “jugar” con las tarjetas, hojas, lápiz, vaso o cualquier otro objeto. No tengas las manos en una postura rígida ni aletees con ellas como si te dispusieras a volar. Las manos deben acompañar para enfatizar algunos aspectos de tu exposición. Mantenlas visibles, nunca en los bolsillos.

Hablar no es sólo una forma de transmitir mensajes, sino también una oportunidad para conocernos mejor y de descubrir que el cuerpo nos habla cuando nos comunicamos con los demás, desvelándonos si estamos o no convencidos de lo que decimos con gestos como los movimientos de cabeza, la postura de la espalda, las expresiones faciales o los movimientos de los brazos. Todos estos gestos influyen asimismo en el grado de convencimiento que tenemos respecto a los pensamientos que comunicamos, determinando el nivel de persuasión resultante de nuestro discurso y gestos, tanto para nosotros mismos como para nuestro interlocutor.

Sergio Valdivia

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3 comentarios:

  1. Estaré atento al curso

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  2. Muy interesante, como poder aparte controlar el tema de la sudoración al momento de exponer?

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  3. Lo más rápido es a través de sesiones de reprogramación mental.
    www.circuloaleph.com/sergiovaldivia.htm

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